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La maestra enfermedad. Reflexiones del Covid_19

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Colombia lleva dos meses en una terrible meseta de muertes y contagios por covid_19. Después de un año de estrictos controles, parece que las autoridades se hubieran cansado de llevar las riendas del autocuidado -que como su palabra lo dice- debería ser responsabilidad más de cada quien. Me sorprende cómo nos habituamos fácilmente a la muerte, y es que en un país como este donde la mayor epidemia es el hambre, la desigualdad y la violencia, parecería que no hay otra opción al "comamos y bebamos que mañana moriremos"; tal parece que existe un dilema entre vivir la vida como podamos y cómo cuidarla en medio de tantas restricciones y precariedades.  Aunque pensemos que la situación no se puede poner peor, las cifras recientes nos muestran que sí. Esta semana las cifras superaron los 30.000 contagios diarios y está cerca de las 700 muertes por día. Uno de los promedios más altos del continente. Pero después de este panorama general, quiero hacer un aporte desde mi exp...

Malas. Carmen Alborch

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La última vez que fui a la biblioteca pública, me encantó eso de no ir a buscar un libro sino dejar que el libro me encontrara a mi. Como nos debe pasar con las personas en las calles, a veces caminamos por pasillos de libros en dirección a un punto fijo sin detenernos a observar qué sorpresas podemos hallar a los costados. Pues sucedió que vi el nombre de Carmen Alborch en un lomo; tal vez mi inconsciente se fijó en esta autora española a quien apenas conocí el año pasado y supe que trataba temas de mi interés. Después de leer este libro sentí la necesidad de escribir para retener los aprendizajes como sucede con los buenos libros. Acá les comparto mi reflexión. Crecimos con la narrativa de las Malas de los cuentos y las telenovelas; brujas repudiadas, a las que esos guiones morales no les interesaba hurgar en la causa de su maldad.   En el colegio, era común ver  niñas mirar a otras despectivamente y luego se mechoniaban solo por eso, en el peor de los casos...

Lo más lindo que vi hoy

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Tengo el hábito de pasar la última hora de luz del día mientras leo en la terraza. En ese lugar percibo los detalles cotidianos: los pájaros volar en manadas, tríos o parejas; las irrepetibles formas y colores del cielo, los insectos que se posan en muros y plantas,  los ladridos de los perros, los gatos  paseando por los techos, el ruido de los carros, vendedores ambulantes, serenatas de pandemia, y los ruidos de los niños; los que me inspiraron a escribir hoy. A veces escucho a los niños llorar por un regaño, jugar con sus bicicletas y cometas en sus terrazas. Hoy escuché un grito agudo de asombro de una nena, seguido de un ¡Qué día tan maravilloso! Lo exclamó al salir a su balcón y ver el atardecer con luna creciente que hizo hoy. Ella, de unos 4 años, fue corriendo a traer a su madre, quien salió a ver el cielo, imitando un gesto de sorpresa para compartir la alegría de su hija. Luego vendría su papá y la nena se quedó unos 10 minutos compartiendo con ellos, en...

Una Clase política que siempre ha defraudado a su pueblo.

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Por estos días ha sido complejo articular tantos diagnósticos que he escrito sobre Colombia y los estallidos de crisis social, que actualmente han encontrado en la pandemia su mejor catalizador. Pensaba que los días que vive Colombia no son los más oscuros de su historia; han habido años continuos, décadas de terror; solo que en ese entonces no existían las redes sociales como vitrinas de moda y de exhibición moral. Aún así, es mejor pensar que ese escándalo digital puede ser señal de que el país ya no está normalizando la violencia y no se inmuta ante el horror de la opresión.  En su mayoría hay un pueblo que no es indiferente a lo que pasa en las otras regiones, que protesta aprendiendo a ser comunidad en las calles mediante el arte y la empatía. Los sucesos de hoy en Cali, demuestran nuevamente la falta de carácter de Iván Duque para hacer frente a las necesidades del pueblo como lo exige la situación.  Los jóvenes estuvieron ayer en diálogo con el Presidente so...

Utis de Anocosca: Elogio al anonimato.

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Quiero rendir homenaje a la modestia de un sacerdote que conocí hace unos 10 años en el pueblo donde viví. Su nombre era Gabriel Montoya Giraldo. llegó de visita a Amalfi porque era amigo de Ernesto Gómez, un cura de costumbres conservadoras que fue párroco entre el 2008 y 2012. Ambos eran de esos últimos sacerdotes que hacen de la sotana negra un verdadero hábito. Sería el año 2009 cuando por las calles de Amalfi se paseaba un señor de sotana y sombrero negro, lentes y  bordón. Por esos días mi papá llevó un nuevo libro de poesías a la casa y me contó que mientras leía la prensa dominical en el parque, el curita de sombrero se le acercó diciéndole: "caballero como veo que le gusta leer, le ofrezco este libro de poemas".  Mi papá que nunca escatima en libros, con mucho gusto se lo compró. Ese libro se titula En El huerto del alma y por autor firmaba Utis de Anacosca; era una colección de poemas propios y de otros autores. En ese entonces yo solo lo tomaba para ver...

Un particular aniversario.📱

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Hoy mi celular cumple dos años (el que más me ha durado 😆) y aunque suene bobo, voy a celebrarlo con un ejercicio autocrítico sobre sí esta herramienta me ayuda o me esclaviza. Desde los 15 años he tenido 7 celulares, no sé ustedes pero es bueno cuestionarse esto para ver qué tan manipulables somos en términos de consumismo tecnológico; nunca me ha interesado tener lo último, y en tiempos de obsolescencia programada, aspiro a cuidarlo bastante para que me dure otros 3 años más.  Antes de la universidad era normal que viviera sin celular, no tenía redes sociales y mis amigos me mandaban los saludos de cumpleaños por el Facebook de mis hermanas 🤗.  Cuando inicié la carrera el celular se volvió mi oficina móvil, aquí organizaba por grupos de WhatsApp,  descargaba documentos, traducía, investigaba, estudiaba y editaba diapositivas en un bus o bajo las cobijas😁. Por esta razón cuando se me perdía sí me hacía falta. Ahora que no estoy en estudios formales sí me p...

Visitantes inesperados

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A veces, durante el día me persiguen frases y pensamientos, como si fueran  fantasmas, en la noche o al despertar me imploran ¡escríbame ya!  llegan por todos lados, me asedian mientras me baño, me dicen ¡sra escríbame por favor! y luego vienen frases de otros temas ¡Sra escribame a mi también! En ocasiones no puedo cocinar o hacer otras tareas tranquila porque siento la angustia de que esas frases se esfumen; me susurran mientras corto una naranja "escríbame antes que me desaparezca." Se me vienen a la cama como mosquitos en noche tropical y no me dejan dormir.  Pero ellas hacen eso cuando no he tenido la decencia de atenderlas a cada una con el tiempo que ameritan, no debería estar molesta sino avergonzada con ellas por no aceptar el generoso ofrecimiento del fruto de la inspiración. Me gusta que vengan a mí porque son mis ideas y las debo gestar con paciencia para que vean la luz como unos  hijos preciosos. Debo atender esos visitantes aunque escribir ...